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¿Por qué Alonso no fue Piquet?

Martes 22, julio 2008

Oviedo, Álvaro FAES
El golpe fue duro para el «mundo Alonso». En el peldaño más alto de Hockenheim, Hamilton, el piloto con el que peor sintoniza. En el segundo, Nelson (no le gusta lo de Nelsinho) Piquet, su compañero, el termómetro que mide las prestaciones dentro de los equipos. «Fue cuestión de suerte», dijo el asturiano. Alonso no descubrió la pólvora cuando señaló las razones del éxito del joven brasileño. La salida del coche de seguridad en el momento justo le puso al pie del cajón y el hijo del tres veces campeón del mundo sólo tuvo que guiar el R28 hasta la meta. Cuando vio a Hamilton por el retrovisor le dejó pasar y después consiguió un buen ritmo en las últimas vueltas y Massa, con problemas de frenos, ni siquiera llegó a inquietarle. Su táctica a una parada combinada con el coche de seguridad tras el accidente de Glock le dejaron la gloria al alcance de la mano. El brasileño, que empezaba a estar cuestionado en su equipo, se hizo de oro mientras Alonso sufría con un monoplaza que se apagaba según pasaban las vueltas.

t Un coche que va mal en grupo. Salía Alonso desde la cuarta posición y tenía fijación con Jarno Trulli, justo por delante. La única forma de conseguir un buen ritmo para el R28 es rodar en solitario. Es un coche que no tracciona, falto de estabilidad y que no facilita conservar los neumáticos. Inmerso en un pelotón de coches, esas carencias se multiplican. El aire de los otros bólidos provoca turbulencias, el Renault baila, se hace ingobernable y a los neumáticos empiezan a salirles las temidas ampollas («graining»). Nelson Piquet, en cambio, pudo rodar casi en solitario cuando el coche de seguridad abandonó la pista y se vio en una inesperada segunda posición porque ya había cumplido con su único repostaje previsto.

t Último relevo con neumáticos duros. Fernando Alonso completó su tres relevos con una secuencia de neumáticos (duros-blandos-duros) distinta a la de Piquet, que terminó la carrera con la versión más blanda de los Bridgestone. Hasta sufrió un trompo cuando había logrado ante Rosbeg su único adelantamiento. Alonso, un piloto bravo, poco acostumbrado a tirar la toalla, se desesperaba. Piquet salió con los duros y aguantó las primeras 36 vueltas como pudo. De hecho, cuando Timo Glock sufrió el accidente que dio un vuelco a la carrera, el brasileño iba a ¡80 segundos! de la cabeza. No estaba haciendo, ni mucho menos, una gran carrera. Sin embargo, el vuelco que se produjo cuando los comisarios mandaron al Mercedes plateado a la pista puso al compañero de Alonso en las mejores condiciones para un coche renqueante. Cargado de gasolina hasta los topes, supo cuidar los neumáticos blandos de su segundo y último relevo mientras el coche de seguridad estuvo en la pista. Luego tiró sin miedo pero con prudencia y cruzó los dedos para que no le abandonase la mecánica.

t Incapaz en el cuerpo a cuerpo. Mientras Nelsinho Piquet hacía la mejor carrera de su vida, Fernando Alonso era incapaz de conseguir algo decente con un coche que en las luchas uno contra uno parte siempre como perdedor. Se vio nada más comenzar la carrera, cuando le había ganado la posición a Trulli pero no remataba la faena. La «preocupante», según palabras de Alonso, falta de tracción, le había dejado tirado. En Hockenheim, la zona del motodrome pide buen agarre. Alonso puso mucha carga aerodinámica en su alerón para intentar rendir en la zona virada. Se quedó con un coche demasiado lento en las rectas. Su velocidad punta estaba muy alejada de Massa, el que consiguió mejores puntas.

t Impotencia tras el Toyota. Que el R28 no está en condiciones para según qué luchas quedó de manifiesto cuando Alonso volvió a la pista después de su parada. Vettel se le coló en una maniobra extraña y el ovetense pasó a cerrar un grupo que comandaba Trulli. El alemán de Toro Rosso se lanzó a por el coche que le precedía y acabó con el italiano sin problemas. El aire sucio de Trulli y Vettel acabó con Alonso, incapaz de seguir el ritmo de ambos y, por supuesto, de intentar un adelantamiento.

t Dudas con la estrategia. Renault aplica tácticas ganadoras a Fernando Alonso, muy parecidas a las que llevan los pilotos punteros. El R28, aceptable a una vuelta y sin coches por delante, logra buenas clasificaciones los sábados pero se hipoteca para el domingo, cuando no tarda demasiado en perder posiciones y queda a merced de los monoplazas que le siguen. Es la preferencia de Alonso, que elige llevar el coche lo más adelante posible.

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