La Fórmula 1 seguirá viajando a Hungría hasta 2016. El nivel de exigencia sube, pero el vetusto circuito aguanta. Aquí parece no importar demasiado que las instalaciones estén desfasadas ni que las carreras resulten generalmente aburridas, incluida la de ayer, pese a la gran actuación de Alonso. Es la fiesta de la Europa del Este y Bernie Eccelestone sigue dispuesto a conservarla. ¿Cómo va a eliminar un circuito cuya carretera de acceso se llama avenida Bernie? Al capo de este circo no le tiembla el pulso con nadie. Si acabó con Silverstone (en 2010 se irá a Donington Park), nada le obliga a continuar ligado a Hungría, más allá de las garantías de contar con un buen negocio en el viejo continente, ahora que el espectáculo camina firme hacia el prometedor futuro que le ofrece Asia.
Así que la cita de Budapest seguirá durante muchos años en la agenda de Alonso. Sus planes ya no son los de una aparición fugaz por el reino de las estrellas. Los ochos próximos agostos se dejará caer por Hungaroring, un lugar mágico en la carrera del ovetense, si es que cumple su última promesa de continuar mucho tiempo ligado a las carreras. Incluso cuando las cosas no van bien, como esta temporada, es capaz de regalarse la mejor actuación del año. En el mismo lugar de la primera victoria, en 2003, el escenario de la exhibición bajo la lluvia en 2006, Alonso volvió a sentirse un tipo importante. Cuando el coche le acompaña, sus manos y su talento hacen el resto. No se sabe si funcionó el truco de gastar la primera capa en un par de juegos de neumáticos para evitar las ampollas y los granos en la superficie porque rodó casi en los mismos tiempos aunque no llevase las ruedas «especiales». Después de muchas carreras maniatado, incapaz de mantener la posición en la pista, Alonso se vio con un coche competitivo entre manos. Pudo pelear de igual a igual con todos los rivales.
Unos duelos los ganó y otros los perdió, lógico para una carrera, pero hasta cuando salió vencido se revistió de una pátina de héroe. Como en la pelea que tuvo con el finlandés de Ferrari, librada a la desesperada, ante la diferencia de potencial. Raikkonen tuvo que mirar durante 51 vueltas la parte trasera del Renault. Fue incapaz de adelantarlo hasta que llegó la segunda parada y completó una maniobra de repostaje espectacular.
Estaba a casi 4 segundos cuando Alonso se perdió en la calle de los garajes. Y Kimi entró en la vuelta siguiente, para después salir con una buena ventaja con el asturiano, que todavía se preguntaba después de la carrera cómo se las había arreglado el finlandés. Fue la única señal de vida que dio el piloto de Ferrari en toda la carrera y más parece un mérito del equipo durante la parada que un acierto en el pilotaje del finlandés, que luego se vería recompensado con un podio que no estaba preparado para él, sino para su compañero Felipe Massa.
Esa batalla entre el asturiano y Kimi se desató porque Alonso había estado grandioso en la salida, recordando al campeón de los viejos tiempos. Los precedentes hacían pensar que era mejor mirar hacia atrás, para intentar protegerse de Webber y Trulli, porque siempre que Alonso se empeñó en escalar posiciones en la salida terminó escaldado, y cayendo varios puestos en la clasificación, que a la postre, y con el coche que tiene entre manos, son irrecuperables. Y como delante tenía al vigente campeón del mundo y al Toyota de Glock, grandioso en una sesión de clasificación, parecía más prudente guardarse ante los ataques que pudieran llegar que lanzarse a por una gloria incierta.
Fernando no es un tipo que guarde la ropa habitualmente, pero en una situación así, y habiendo aprendido de situaciones anteriores, todo indicaba que el bicampeón del mundo iba a tratar de no perder puestos en la salida en lugar de lanzarse a ganarlos.